Reflexiones para tí.

Los espías

Y les contaron, diciendo: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Números 13:27, 28 (RVR).

El racimo de uvas era enorme. La expectativa del pueblo de Israel, también. Después de cuarenta días, los espías estaban regresando al campamento y desde lejos lo que se podía ver eran aquellas enormes uvas. Lo que el pueblo no podía ver a la distancia, y que comenzó a percibir apenas se acercaron, era el miedo y la falta de fe.

El pueblo dejó de sonreír cuando vieron a los espías más de cerca. El pueblo comenzó a llorar cuando los escucharon. Andando por la vida, habrá días (quizá para alguien hoy mismo) en los que tu presencia causará una expectativa que se confirmará o no apenas abras la boca.

No los puedo juzgar con demasiada dureza. El pueblo era fuerte, las ciudades tenían murallas y había gigantes. Todo lo que dijeron era la más absoluta verdad. Los espías no mintieron. El problema no radicaba en ese punto. El problema estaba en los ojos. Ellos conseguían ver lo que estaba delante de sus ojos (gigantes y fortalezas), pero no veían más allá. Como Giezi, el siervo de Eliseo, estaban aterrorizados, tanto que no podían levantar la vista un poquito más allá.

La leche y la miel que manaban no eran suficientes para animar a los temerosos espías, todos ellos príncipes de Israel. Las promesas de Dios que los habían llevado hasta ese exacto lugar en ese momento, eran apenas palabras huecas, porque sus sentidos les mostraban y les demostraban que ellos solos no podrían enfrentar tal empresa.

Tú tampoco estás solo. Puede parecerte que, al mirar a tu alrededor, solo veas la cara de un gigante (con cara de pocos amigos), que te mira fijo. Es natural que el miedo te invada, es natural que sientas temor. Es natural; pero no está bien, porque un poquito más allá de tu miedo, un poquito más allá de tu temor, está Jesús, dispuesto a cumplir su promesa.

Recuerda: lo que te rodea puede ser complicado, muy complicado o complicadísimo… pero pide fuerzas al Cielo, para levantar la vista y mirar un poco más allá.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014
“365 Vidas”
Por: Milton Betancor






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